Los grandes también tenemos derecho a jugar

“El creador literario hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva ... El adulto deja pues de jugar, aparentemente renuncia a la ganancia de placer que extraía del juego. Pero quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad... lo que parece ser una renuncia es una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto... en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire” (S. Freud; 1907)


miércoles, 18 de julio de 2012



Cuántas historias nos encontramos a la vuelta de una página. A mi gustaba pararme enfrente de su gran biblioteca, minuciosamente ordenada, y tratar de adivinar el criterio según el cual los libros estaban dispuestos en los estantes, y ver que alguno brillaba por sobre los demás y preguntarle si me lo prestaba y que me diga que sí; y otras veces me gustaba jugar a encontrar entre los libros de la biblioteca y los que estaban apilados en dos o tres columnas sobre la mesa aquellos que yo le regalé; y me gustaba mucho chusmear el libro que descansaba en la mesita de luz para saber qué era lo último que leí antes de dormirse; y preguntarle si tenía tal título del autor tal y que siempre me dijera que sí y pedirselo prestado, y que me lo prestara; y tener siempre un motivo para volver a vernos, para devolverle los libros e intercambiar sensaciones despiertas, opiniones encontradas, nuevos sentidos. Y un nuevo libro, sensaciones novedosas, miradas encontradas, extraños sin sentidos, un nuevo amor.

jueves, 19 de abril de 2012

Diario de bicicleta


Hacía bastante que no salíamos juntas. No es que yo me haya olvidado de lo bien que lo pasaba con ella, pero el ajetreo diario me hacía prometerle cosas que después no podía cumplir. Finalmente decidí dedicarle más tiempo. No era falta de voluntad lo mío, de hecho, tenía su lugar en el departamento al que me mudé hace un tiempo. Pero sacarla a pasear me llevaba mucho tiempo de preparación, es que ella es más grande que yo, no en años sino en tamaño, es muy grandota y había que darse mucha maña para entrar ambas en el mini ascensor. Como venía diciendo, hace un tiempo descubrí un par de maniobras que, con un poco de optimismo y un poco de esfuerzo, hace que entremos en el ascensor.
Ella se llama Violeta Ferrari. Le debe su nombre y apellido a una mente brillante que la bautizó teniendo en cuenta su color y una etiqueta que tiene de Ferrari. No será muy original su nombre, es cierto, pero tiene personalidad.  

domingo, 12 de febrero de 2012

Apuntes sobre el vuelo en una noche desvelada de aeropuerto.


Esta había sido mi primera experiencia “adulta” viajando en avión. Digo adulta entre comillas porque ya viajé otras veces de chica, pero esta es la primera vez que viajo sola y tengo que estar atenta a los trámites y otros procedimientos burocráticos.
De chica había viajado dos veces creo, una vez con mi mamá y mi papá, y la otra solo con la vieja. De lo único que me acordaba con certeza de esos viajes es que me encantaba volar. Y esta última experiencia no hizo más que confirmarlo, me fascinó, quizá sea porque me gusta la velocidad, me da mucha adrenalina. El despegue es una experiencia orgásmica, en un momento el capitán del avión anuncia que en 10 minutos iniciará el despegue, todos los sentidos están en posición de alerta. Es como un tiempo necesario para ir entrando en climax, durante esos minutos el avión se pone en marcha, se mueve muy despacio, se va posicionando en dirección al despegue hasta que en un momento toma una velocidad inconmensurable, de golpe las ruedas se suspenden y se siente una inclinación del avión calculo que de unos  45° respecto a la superficie. Los grados del ángulo que se forma imaginariamente van en aumento, al igual que el placer, hasta que repentinamente el avión se endereza acompañado de unos leves saltos. Se mantiene en esa posición, ya casi no se perciben los movimientos del avión, y la excitación deja paso al placer de ver los paisajes, las nubes, las ciudades chiquititas.