Los grandes también tenemos derecho a jugar

“El creador literario hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva ... El adulto deja pues de jugar, aparentemente renuncia a la ganancia de placer que extraía del juego. Pero quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad... lo que parece ser una renuncia es una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto... en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire” (S. Freud; 1907)


domingo, 29 de abril de 2012


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