Los grandes también tenemos derecho a jugar

“El creador literario hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva ... El adulto deja pues de jugar, aparentemente renuncia a la ganancia de placer que extraía del juego. Pero quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad... lo que parece ser una renuncia es una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto... en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire” (S. Freud; 1907)


jueves, 19 de abril de 2012

Diario de bicicleta


Hacía bastante que no salíamos juntas. No es que yo me haya olvidado de lo bien que lo pasaba con ella, pero el ajetreo diario me hacía prometerle cosas que después no podía cumplir. Finalmente decidí dedicarle más tiempo. No era falta de voluntad lo mío, de hecho, tenía su lugar en el departamento al que me mudé hace un tiempo. Pero sacarla a pasear me llevaba mucho tiempo de preparación, es que ella es más grande que yo, no en años sino en tamaño, es muy grandota y había que darse mucha maña para entrar ambas en el mini ascensor. Como venía diciendo, hace un tiempo descubrí un par de maniobras que, con un poco de optimismo y un poco de esfuerzo, hace que entremos en el ascensor.
Ella se llama Violeta Ferrari. Le debe su nombre y apellido a una mente brillante que la bautizó teniendo en cuenta su color y una etiqueta que tiene de Ferrari. No será muy original su nombre, es cierto, pero tiene personalidad.