Los grandes también tenemos derecho a jugar

“El creador literario hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva ... El adulto deja pues de jugar, aparentemente renuncia a la ganancia de placer que extraía del juego. Pero quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad... lo que parece ser una renuncia es una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto... en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire” (S. Freud; 1907)


jueves, 27 de octubre de 2011

Carta a mis compañer@s de militancia


Hace un año atrás no me reconocía kirchnerista. Yo fui una de las miles que abrió los ojos cuando Néstor los cerró. El miércoles 27 de octubre del 2010 me levanté temprano, estaba contenta por el censo, al que venía defendiendo frente a lxs gorilas de mis ex compañeros de trabajo;  quería recibir yo misma a lxs censistas. Pero junto con el desayuno me dieron una noticia in-creible, paradójica.  No lo hubiese creído si lo hubiese visto en TN, pero lo escuché de la boca de alguien, de quien ninguna maldad puede esperarse,  mi abuela, ella anunció entre sorprendida y compungida, una muerte impensada, una muerte imposible.
Hasta el mediodía, que llegaron las censistas, estuve mandando algunos mensajes de texto, y haciendo zapping entre los canales de noticias, quizá con la ilusión de encontrarme con un canal que desmienta o al menos pusiera en duda tan nefasta noticia.

Hice pasar a las censistas y tomamos algo mientras respondía el censo, hubiese querido que no fueran, que se quedaran todo el día, porque tras su partida rompí en llanto,  llegó la tristeza sin disimulos para instalarse por largos días. La angustia brotó como un volcán en erupción, abriendo un agujero de sinsentido, pero sentido.  Me invadió una soledad profunda, nadie entendía por qué estaba así, ni yo tampoco.
El jueves fui a cursar a la facultad de Psicología, creí que ahí iba a encontrar algún tipo de contención, pero sólo encontré contaminación,  afiches de todos los colores denunciando el supuesto desfinanciamiento de la facultad, de la Korrupción, de todas las facultades que se podrían hacer con el importe del pago de la deuda externa, la patota K y el asesinato de Mariano Ferreyra, etcétera. Se me hizo un nudo en la garganta al ver ese escenario, mezcla de bronca, desilusión y asco,  prefería tener la vista nublada por las lágrimas antes que ver esa necedad, ese odio y desagradecimiento a flor de piel.
 De ahí me fui a la clase de “Técnicas grupales en psicología comunitaria”, con Adriana Martínez,   quien me dio la oportunidad de vomitar  toda la bronca contenida, estaba indignada, cómo era posible que, aunque más no fuese por respeto, no descolgaran toda esa cartelería circense, cómo era posible no reconocer en el ex presidente a una persona que estaba de nuestro lado, que luchaba por lo mismo que nosotros. Nosotros, estudiantes de psicología, que nos jactábamos de latinoamericanistas, cómo no estar contentos con la integración del bloque del sur,  cómo no admirar el valor al rechazar el ALCA, nosotros, que sabemos que no hay salud mental sin el respeto de los derechos humanos, cómo no celebrar la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, nosotros, defensores de la Memoria, la Verdad y a Justicia, cómo no estar felices de los juicios por delitos de lesa humanidad y por  el plan sistemático de robo de bebés, nosotros, que defendemos la democracia, la multiplicidad y la pluralidad de voces, cómo no apoyar la Ley de Medios (de la gestión de Cristina, pero parte del mismo proyecto), si siempre repetimos que la salud es poder amar y trabajar, cómo no valorar la disminución del desempleo, los planes sociales, los aumentos salariales y el retorno de las paritarias, el aumento de jubilaciones, beneficios sociales a quienes no habían aportado, cómo no reconocer el mayor porcentaje del PBI destinado a la educación pública. La lista seguía y sorprendentemente encontré en la profesora una aliada, que al día de hoy es una compañera.
Después de eso me di cuenta que estaba defendiendo un modelo de país, y empecé a comprender un poco mis las motivaciones. El vacío - ese agujero que se había abierto en el tejido social, pero que dolía como si lo que se hubiera abierto fuese un tejido muscular, un desgarramiento -  de a poco se fue llenando de sentido, cuando vi que no estaba sóla, que la Plaza se iba llenando, que éramos miles y miles.
Esa noche fui a la plaza  y aprendí la primera canción: “che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”. Al calor de las masas me fui sintiendo más fuerte y más convencida. En Noviembre me acerqué a PdI – La Cámpora en Psico pero, como ya me estaba despidiendo de la casa de estudios, terminé en La Cámpora comuna 3, de la que estoy orgullosa de pertenecer.
La pérdida fue grande, pero la ganancia también,  y al que le queda alguna duda que revise los números del domingo. Hace un año atrás, pensé  que tras la partida de Néstor el movimiento quedaba acéfalo, y que el proyecto nacional y popular estaba en peligro de extinción. Sin embargo, encontrarme con gente como ustedes, con fuerza, con ganas, con valores y convicción  me hizo tener la certeza de que el rumbo sería otro, y me convencí  de sumar mis esfuerzos junto a los millones que le dimos fuerza a la presidenta para seguir adelante, sin dar un paso atrás, y la reconocemos como nuestra gran conductora.
Como dijo Taty Almeida, a Néstor no lo enterramos, lo sembramos. Y hoy vemos florecer  nuestros sueños. Hoy, casi un año después, tengo el placer de compartir este momento histórico con mis compañerxs de militancia, algunxs compañerxs de trabajo, mi familia, y mi círculo de amigxs que, por cierto, ahora son grandes defensores de este modelo inclusivo. Muy lejos quedó el vacío y soledad que sentía un año atrás. Por eso les agradezco, compañerxs. Gracias por permitirme ser parte, por su generosidad y compañerismo,  por sus ganas y compromiso.
¡¡Fuerte abrazo!!
Karina.

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